No me vendáis la bondad de un Dios omnipotente que permite el hambre y la pobreza, no intentéis que confíe en la nobleza de las mismas personas a las que he visto ser rastreras e interesadas, desconozco el concepto de eso que llamáis suerte y aun así, no por ello lograréis que me rinda… que me humille… que me arrastre.

Soy un ganador irreductible al que vuestras mentiras hacen cada vez más fuerte e invulnerable, incapaz de doblegarme nunca por duros que sean vuestros golpes o alta la caída que me propiciéis.

No debo nada a nadie… YO soy mi propio Dios, YO marco mi camino, YO asumo mi destino… sin la ayuda de nadie, con el esfuerzo de mi dolorido e inquebrantable cuerpo y motivado por el único aliento de mis gritos vacíos.

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