Anoche intente dormir, por un momento en el que parecía que era capaz de dejar de intentar olvidarte como sucede durante todas y cada una de las horas de mis días. Pero no, tan dañino como imposible de borrar tu recuerdo permanece en mí, un recuerdo basado en la ira que me produce el echo de encontrar la perfección y no estar a su altura.

Realmente no es algo que me sorprenda, siempre he sido un cumulo de errores camuflados sobre una fachada más desgarbada e inestable de lo que se puede apreciar en un golpe de vista, un mentiroso social que hace creer a los demás que sus carencias no existen convirtiéndolas en falsas virtudes, un gran vendedor de humo sin aparentes problemas ni preocupaciones… hasta que apareciste tú.

Justo en el peor momento, justo cuando necesitaba ese tiempo para acabar lo que empecé, cumpliendo las inevitables leyes de un tal Murphy y desbaratando unos planes fríamente calculados y repasados hasta el más mínimo detalle, pero que como toda gran estructura poseían una única e infima debilidad… eran vulnerables a tu pequeña sonrisa.

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