Sé que no leerás esto y si lo haces negaré que sea mío. Pero me estimula parecerte valiente dando argumentos inútiles y entremezclando palabras confusas que me hacen sentir que expreso lo que nunca diré. Como pinceladas de una historia que insistes en conocer aunque en realidad no quieres… ni te contaré.

Siempre supe que el único hombre al que podía admirar no era ese al que llamaba padre sino un viejo castigado que en su juventud se maltrato diariamente para dar una vida mejor a quien me antecede. Me atormenta cada segundo, no ser digno de agradecérselo a pesar de mis esfuerzos y aparentes logros. Tras ignorar a compañeros ahora desaparecidos, perdiendo esa adolescencia tan necesaria para aprender cómo se juega a la vida a cambio de intentar enorgullecer a una mujer que aun sin motivos, no se decepciona. En realidad… lo volvería a intentar un millón de veces.

Fue tarde cuando comencé a ver la vida por un pequeño agujero, patético, torpe y siempre sólo, cometiendo actos tan despreciables como necesarios (o no). Un niño sin experiencias que salía, bebía y fingía disfrutar entre supuestos amigos a los que analizaba para aprender a ser uno más. Salir del cascarón cuando debía empezar a asentarme, no importa, el daño estaba hecho. Y cuando todo parece superado, y cuando el daño que he causado y me han causado parece enterrado en olvido… apareces tú, con la misma facilidad con la que te vas, intentando intuirme a veces de forma correcta y otras sin acierto.

No rodearme de nadie me eximio de sociabilidad, obligándome a procurar ser ingenioso. Por eso… no sé reaccionar al presentarme a alguien y sudo por dentro sin verse por fuera. Por eso… me bloqueo sin saber qué decir al acercarse una desconocida. Por eso… puedo parecer un tío genial y charlatán mientras muere mi interior. Por eso… existen mujeres que me han hecho un daño que no repetirán. Por eso… desconfío y nunca he amado a nadie. Por eso… bebo hasta doler y olvidar cuánta gente me rodea. Por eso… a veces resulto cortante, arisco, payaso, torpe o bruto con quien me gusta. Por eso… si vuelvo de madrugada, recordando una breve conversación lo considero un éxito mientras me apetece soltar unas lágrimas que no derramaré. Por eso… a veces sólo busco un leve contacto y acabo en camas ajenas. Por eso… no sé ser un buen amante. Por eso… no llamo, no insisto. Por eso… hago daño si me acorralan.

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