Me apetece escribir una entrada soberbia, llena de orgullo y superioridad. De esas cuyas palabras se clavan al pasar los ojos por sus letras, no digo que pueda hacerlo, sólo digo que me apetece.

Soy orgulloso y descarado cuando la situación lo requiere y desconozco si este podría ser uno de esos casos pero lo que tengo claro es mi superioridad ante las situaciones de esta vida que me rodea.

¿Por qué? ¿acaso me creo un Dios? ¿acaso soy especial? Ni hablar creer en dioses no entra en mis planes y la gente especial no escribe sobre su entorno a estas horas de la noche… la gente especial controla su entorno durante todas y cada una de las horas del día. La superioridad de la que yo hablo se basa en una confianza indestructible, es imposible destruir algo que se ha creado a golpes ya que los golpes son los que destruyen las cosas y darle más sólo la fortalecería.

No soy capaz de distinguir la finalidad de esta entrada y eso posiblemente haga que resulte breve o incompleta, creo que sólo escribo porque alguien me ha despertado hoy el gusanillo de hacerlo. Alguien fuerte y seguramente admirable, una persona que sé que renacerá de sus cenizas cual ave fénix y a quien dedico este texto sin más intención que la de agradecerle los suyos.

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