Quien lo iba a decir, acabar esos días en que todo debería ser risas y fiesta de una manera tan salvaje y grotesca. No es que lo buscásemos ni resultemos conflictivos, sencillamente nos gusta defender lo que consideramos nuestro, todo el mundo debería hacerlo. Si  otro perro viene a mear en nuestra esquina le damos la opción de pensárselo antes de mojar el suelo, a partir de ahí… depende de él si desea retirarse en calma o morder.

Nunca es agradable hacer algo que no quieres pero, seamos realistas, a todos nos gusta descargar adrenalina. Mi estado físico es el de siempre, pero… el tuyo… ¡el tuyo es increíble!… ¿cómo? ¿cuando? ¿qué has hecho?… me asustas. Algo tan pequeño deshaciéndose de cosas tan grandes con tiempo para preocuparse exhalando un “¿me necesitas?”. Verlos caer a tu paso sabiendo que el hecho de merecérselo te haga no mostrar el más mínimo ápice de piedad o al menos espero que sea eso y no que la hayas perdido. Lo sé, “la misma sensación de poder que de vergüenza”, yo también la noto ahora que lo dices.

No obstante el equilibrio es algo que se debe mantener, por las buenas o por las malas, si no podemos ser ángeles seguiremos siendo demonios y atentar contra las cosas bonitas que iluminan sin perturbar a nadie es motivo más que suficiente para acabar con una anécdota más que olvidar y un par de heridas que lo impidan. Al menos, cuando el infierno nos abra sus puertas, nos aseguraremos un lugar caliente donde pasar la eternidad.

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