Levantar una mañana de Domingo con mil cosas que hacer y acabar al final de ella haciendo otras completamente opuestas y escribiendo en un blog ajeno… así de curiosa es la vida y sus inesperados giros.

Tan imprevisible que es capaz de cruzar o apartar de tu camino a personas que no esperabas o de hacer que un segundo se convierta en una historia interminable.

Hace tiempo concluí que hacer planes ante algo así es absurdo, es mejor dejar que todo fluya y ver donde desemboca la corriente. Si hace poco más de un año me hubieran preguntado “¿en que piensas invertir tu tiempo mañana?” mi respuesta no habría coincidido en nada con mi inversión final. De hecho, tenía un plan, un plan milimétrico y perfecto que nada podía alterar… o eso pensaba hasta que comprobé mi error.

Acertado o no ese cambio de inversión, nunca me arrepiento de lo que hago (si acaso de lo que dejo de hacer), digamos que es… “política de empresa”. Actuar en cada momento como se cree conveniente no da lugar a arrepentimientos (lo cual no implica aciertos). Siempre he pensado que lo importante no es acertar sino saber rectificar y para eso no es necesario ningún tipo de arrepentimiento, sólo ocasiones y voluntad.

Tampoco considero una derrota arriesgar y perder, tan solo una lección que no olvidar. Me parece mucho más triste no arriesgar, la carencia de concederse una oportunidad por miedo o indecisión sí me resulta una completa y decepcionante derrota.

Divagar mediante palabras sin aparente sentido (ni posiblemente de ningún tipo), así puede llegar a girarse una mañana de domingo con mil cosas por hacer.

 

[ Victorias: 0 — Derrotas: 1 x lección — Luchadas: todas ]

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