No hace mucho y de repente surgió la situación más inesperada que he vivido nunca, imagino que de la misma manera en que suelen surgir todas las cosas inesperadas.

Jamás habría podido imaginar que alguien tan completamente inofensivo sería capaz de dañar al mejor de esa forma, suerte o distracción supongo, todos sufrimos de alguna de ellas en ocasiones. Claro que, tampoco imaginaba que nadie podría ocupar de esa manera el alma y los pensamientos de quien es capaz de generar paz a todo lo que le rodea pareciendo tener cualquier situación bajo control aún cuando no sabe lo que hace.

Un ruido sordo, un golpe seco, un aparente momento de inconsciencia, un puñado de sangre y los peores minutos que se pueden pasar en una calle llena de nada. En ese minúsculo resumen se acumulan miles de emociones contenidas mientras la preocupada tensión hace imposible respirar y después… incredulidad ante lo imposible que resultaba lo que mis propios ojos mostraban, un derroche de fuerza capaz de superar las limitaciones humanas.

Me rondan miles de preguntas ante las revelaciones que obtenía durante el interminable camino en el que procuraba que unas piernas no se detuvieran ante el miedo de que los ojos que las acompañaban se cerraran para siempre sin remedio, sonsacando palabras de esas que no se quieren decir.

Dudo que nadie más conozca los motivos, la inocencia, la motivación desinteresada, la bondad de algunas acciones que parecían ocultar un trasfondo de interés ¿cómo es posible cambiar la seguridad por la incertidumbre ante una simple reacción ajena?. En realidad lo sé, lo entiendo y no puedo evitar compadecerme de una muerte en vida anunciada a gritos.

Nunca es tarde para ser un demonio, ni pronto para empezar a ganarse el cielo.

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