Existen pocos tipos que puedan partirme la boca, menos aún que sean capaces de hacerlo después de tomarnos juntos la última ronda y antes de la próxima. Siempre respetaré un código de caballeros que me haga incapaz de rechazar una derrota segura frente a alguien invencible, sabiendo que luchará a mi lado cuando lo necesite y en mi contra siempre que lo merezca. Hacernos daño es algo que está en nuestra naturaleza, un daño que nos enseña a seguir adelante en este dichoso caos que supone una vida repleta de duras subidas y escasas bajadas. Nadie nos entenderá nunca, ni siquiera nosotros lo hacemos y no resulta necesario. La última vez que calculamos la cantidad que alcanzaban nuestras deudas lo hicimos como merece todo hombre que se precie de llamarse así, sin contemplaciones ante su rival, incluso cuando unas leves heridas que podrían ser mucho peores demuestren compasión, nunca mostrarán debilidad… sería humillante para ambos. No quiero soldados, siempre he preferido la disciplina del guerrero, la fuerza del campeón y la confianza de un loco que no teme a nada. Quizás no todo el mundo pueda entender el arte de defender lo que se quiere pero nunca un rival será más digno ni una batalla más noble.

Maldito demonio que no deja de perseguirnos en lugar de bailar a nuestro lado, siempre tras los de tu especie pero nunca junto a ellos.

Anuncios