Nunca me he asustado de nada ni nadie pero a veces infundo temor. Son los errores en mi forma de actuar los que hacen que, en ocasiones, algunas personas se confundan y se asusten sin motivo. Mi fuerza se basa en mi rabia, su rabia se forja con tu miedo y tu miedo lo genera el desconocimiento, como todos los miedos. Desearía que no formáramos los eslabones de esa cadena que puede tender a tensarse por mi, llamémoslo… indiscreción.

No rendirse nunca implica ir siempre hasta el final si deseas algo o te importa alguien, no detenerse jamás por mucho miedo o dudas que se tengan. Lamentablemente, sólo uno de los tres eslabones de nuestra cadena es lo suficientemente firme como para no romperse ni debilitarse, el único capaz de mirar a la cara de sus fantasmas y seguir caminando entre ellos como si no les temiera por mucho que deba evitar que no se note como tiemblan sus piernas.

Resulta cobarde ocultarse o no responder, así como lo resulta no atreverse a arriesgar ni a darlo todo. Es triste refugiarse en la seguridad de la cercanía o la verificabilidad para evitar la incertidumbre de algo que, ambos sabemos que deseas y podrás perder aunque no quieras… si tú puedes ser cobarde, yo también puedo.

Ser valiente no es carecer de miedos, sino tenerlos y enfrentarse a ellos.

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