Soy lo suficientemente egoísta para haber deseado que los Mayas no se equivocaran y el fin del mundo no hubiera sido una fantasía. Un final que para mi sucedió igualmente en ese preciso instante en que comprendí que si todo hubiera acabado no habría sabido nada más de ti.

Con justificación o no (para ciertas cosas nunca las hay) he sido rastrero, cruel, despiadado, peligroso e incluso he caminado desafiante entre las llamas de un infierno que algún día gobernaré. Nada de eso me ha hecho sentir algo similar a lo que provocó un simple gesto que ahora trato inútilmente de olvidar en todo momento.

Cuando un inconsciente ángel se acerca a un demonio, sólo si es el mejor de los ángeles puede invertir el mal que voluntariamente o no lo corroe, pero debe desearlo lo suficiente para no ser arrastrado o apartarse antes de que le corrompa.

Este demonio ya no quiere un increíble ángel que lo salve… no quiere volver a ver una disculpa ante una ausencia injustificada… mi perdición está grabada a fuego y ningún ángel cambiará ya eso.

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