A veces mi cabeza se desarma con la invasión de recuerdos que producen unas inmerecidas sensaciones a las que identificaría como sentimientos si fuera capaz de tenerlos. Cuando sucede, me limito a situarme frente a cualquier espejo que me recuerde lo que soy para sonreír desafiante mientras vuelvo a consumirme entre las llamas de mi cálido y cómodo infierno.

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